
A qué le debo el honor.
A qué le debo el honor de encontrarme frente a frente con tus ojos matadores que rasguñan mi inocencia como puñales paganos.
A qué le debo el honor de tus burlas incoherentes, sin palabras ni clamores; A tus risas con miradas y al desdén devastador.
A qué le debo el honor de deberte lo que tengo y de pagarte lo que tuve, de marcharme sin clemencia y de no pedir perdón.
A qué le debo el honor que me veas y no me odies, que me pienses sin pensarme y que me ignores si me vez.
A qué le debo el honor de tu absurda diplomacia, de los golpes del destino y los no saber que hacer.
A qué le debo el honor del recuerdo y del olvido, de algún día y para siempre y del nunca más volver.
Grecia.
Pues si me inspiré en esa novela para este poema y qué jajajaja.
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