Esto debió ser escrito quizá unos 6 o 7 meses atrás. Pero esque con todo esto del pánico global que se vive en mi país uno a veces se pregunta si en realidad quisiera seguir viviendo en este lugar.
Un sitio dónde la gente en las calles ya no se detiene a mirar, anda sigilosamente entre la selva de asfalto intentando mantener su dignidad pisoteando la de los demás. Ahora son las palomas de la plaza y los gatos y los perros callajeros los que nos miran como si fueramos enloquecidos animales de exhibición haciéndonos pedazos los unos a los otros en un intento desesperado por huir del caos, ¿leones gladiadores? Yo diría más bien ratas.
La gente no se sonríe entre sí en las calles como si exhibir la dentadura con un gesto caluroso fuera como quedar desnudos y expuestos. La gente se siente bien jerarquizando, humillando, como si el intentar demostrar que los demás son menos los pusieran a ellos en una posición más elevada, más invulnerable. Cómo si criticar la forma de vida y el lugar en que a cada quien le tocó nacer, librara a estoss criticos del pecado o los hiciera mejores personas.
La gente está asustada, los jóvenes se adoran a sí mismos como si fueran ídolos de barro, se fotografían mil veces y forman un culto a su alrededor, pero el barro se rompe y se machaca y al final todos somos cenizas, pedazos, arena.
La calle no perdona, me dijo Raúl un día, y que en lo cierto estaba, ya no sólo se trata de supervivencia, supervivencia es un tigre hambriento devorando un jabalí, no matándolos a diestra y siniestra sin probarlos por el mero placer de arrancarles la cabeza a los cerdos salvajes y ponerlas en cuerpos humanos degollados.
Hoy vi la película de Bruce Willis, "the surrogates" (qué por cierto mi papá no compro en Wal-mart ni es los tiburoneros jaja, la bajamos raúl y yo del blog de fanático jajaja). No sé quién ya la haya visto pero este es mi blog así que puedo poner lo que quiera de la trama aunque les arruine el final jaja, pero no lo haré.
El punto es que esa película, hollywoodense y todo, boceta el mapa social en el que vivimos, en el que todos nos creamos personalidades lucidoras, versiones mejoradas de nosotros mismos, nos etiquetamos, elegimos un tipo de música,una forma de vida, una droga con que mantenernos cuerdos, nos abrillantamos en photoshop, y como la cereza del pastel criticamos a aquellos quienes han decidido una forma de vida distinta a la nuestra como si remarcar las "fallas" de los demás nos hiciera más especiales, como si la intolerancia disfrazada de radicalismo le confirmara al mundo lo alternativos que somos.
Miles de años de evolución y ya debíamos haber entendido que lo único que nos hace especiales lo único que vale la pena es ocuparnos de nosotros mismos, de los que queremos y nos quieren, de los que van a estar allí cuándo la hierba se extinga, cuando el chocolate desaparezca, cuando el sexo se vuelva fisiológicamente imposible y el cuerpo no pueda saciar la vigorexia. Porque esas personas son las que van a hacer nuestra vida mejor. Ni las cosas materiales, ni las metas cumplidas, ni siquiera la mente pródiga rebosante de conocimientos y reflexiones nos harán sentir saciados algun día. Son las personas las que nos llenan. La riqueza de una vida no se mide en autos fabulosos ni gadgets avanzados, se mide en sonrisas y lágrimas, y no es que esten unas en lados opuestos de la balanza van en el mismo costal para luchar contra la injusticia y la desaprobación innecesaria.
Cómo me gustará que pudieramos todos desenchufarnos de nuestros surrogates, que se fundiera el wireless y se nos cayera la venda de los ojos. Que despertaramos de este letargo tan extendido, y volvieramos a darnos cuenta que la masa que respira a un lado de nosotros en el camión es una persona, que la figurita grácil que pone tus cosas en las bolsas del supermercado, la percha estrafalaria con ropa sofisticada, el chorro de agua que limpia nuestro parabrisas en el crucero, aquella voz con piernas que nos toma la orden en los restaurantes y sobre todo las sombras que nos acompañan en nuestras casas, todos, son personas, son humanos iguales a nosotros. Es quizá muy estúpido pensar que algo realmente cambiara, pero confío en la ciclicidad de la humanidad.
México es un país hermoso, he estado rodeada de personas de más de 30 nacionalidades y me ha servido para saber dos cosas: que un país no es más especial que otro sólo porque esté a miles de kilómetros de distancia y que amo mucho a mi país y no lo cambiaría por ningún otro.
Si es verdad que hay hambre, injusticias, corrupción y violencia, pero es así en todas partes en estos tiempos tan difíciles. Pero las familias mexicanas son cálidas unidas, comparadas con la familia promedio de un país primermundista la familia mexicana es casi orgánica, salvaje...rescatable.
No todo está perdido, llegaran los días en que uno pueda salir a la calle sin preocupaciones, los días en los que un secuestro volverá a ser motivo de asombro, los días con olor a dulce de guayaba, ate de membrillo y carne asada, los días en que la gente sonría en la calle a los extraños y los niños griten y rían en los parques. Y ese día en que formar una familia sea motivo de gozo y no de extrema preocupación, ese día quiero estar aquí, en mi país, y si la muerte me encontrara lejos de aquí antes de poder atestiguarlo todo, que digan que estoy dormida... y que me traigan aquí.
Grecia Monroc.
=)